Ruta: La Vileta, Cementerio de la Vileta, Coll de Son Marill, Puig dels
Revells, Coll de Son Camps, Coll del Vent, Mirador de n’Alzamora, Coll
dels Pastors, na Burguesa
Nivel de dificultad: Fácil
Duración:
4 horas 30 minutos
Recomendaciones:
Algunos tramos se pueden efectuar en bicicleta de montaña.
La iglesia de la Vileta nos marca el punto de partida de este
recorrido. Empezamos a caminar por la calle camí de la Vileta en
dirección al cementerio. En pocos minutos llegamos a las cases de Son
Puig, que aparecen a la derecha del camino. Seguimos andando, rodeados
de almendros y algarrobos, para más adelante dejar el camino de Son
Putxet a la derecha y tomar una pequeña curva a la izquierda que nos
sitúa dentro del pinar. Algunos centenares de metros de asfalto después,
la carretera termina en el cementerio de la Vileta, uno de los pocos de
Mallorca que posee la categoría de parroquial.
Dejamos el campo santo a la derecha y seguimos, en línea recta, por un
camino de carro que nos introduce en el pinar. Conviene prestar atención
a los numerosos caminos existentes y no confundirse. El nuestro es el
que se mantiene recto y consolidado. Una bifurcación a tener en cuenta
la hallaremos a cinco minutos del cementerio, pero seguimos recto, hacia
el noroeste. En unos siete u ocho minutos llegamos a otro cruce
importante, tras una corta subida. Debemos torcer hacia la izquierda,
junto a una torre eléctrica. La pista ahora desciende y en menos de cien
metros nos deja en otra bifurcación. Si giráramos a la izquierda
volveríamos al cementerio. Tenemos que tomar el camino de la derecha, el
camino viejo que baja del coll de Son Marill y que antaño unía Palma
con Puigpunyent, desde donde se enlazaba con el camino real de
Estellencs. Así pues, torcemos hacia la derecha para subir hacia el coll
de Son Marill, por un camino viejo, con restos del empedrado
tradicional, que discurre algunos metros en paralelo a una pista
forestal y salva un acentuado desnivel. Más arriba, a unos cinco minutos
de la última encrucijada, el camino viejo describe una curva hacia la
izquierda, alejándose de la pista forestal que continúa en línea recta,
subiendo. Giramos por el camino viejo y seguimos nuestra ruta por el
empedrado, hasta dar nuevamente con la pista forestal, que destruye esta
obra de ingeniería popular. Ya sobre la pista, unos pocos metros más
arriba giramos en la siguiente curva a la izquierda, dejando la pista a
la derecha. Después de una doble curva, el empedrado vuelve a aparecer.
Dos minutos más adelante, en una bifurcación, optamos por el camino que
sale hacia la izquierda y llegamos al coll de Son Marill, donde se
presenta una encrucijada de caminos. Si giramos a la derecha llegaremos
enseguida al punto central, donde se hallan las ruinas de una antigua
posada. El nuestro es el que se dirige hacia la izquierda, y, en unos
quince minutos, nos llevará hasta un nuevo cruce: a la izquierda aparece
el tramo que conduce a la cima del puig dels Revells (386 metros), por
lo que dejamos momentáneamente el camino principal y giramos a la
izquierda, en busca de la citada cima, desde la cual podremos
obtendremos vistas sobre Palma. Visitada la zona, volvemos del puig dels
Revells por la misma vía hasta el camino principal, donde giramos hacia
la izquierda. El camino baja hasta el coll de Son Camps (342 m), al que
llegaremos en menos de diez minutos. Desde el coll seguimos subiendo en
dirección poniente, dejando a la derecha un avenc. A unos dos minutos
del coll dejamos a la izquierda el camino que sube hacia el coll de Son
Vida y seguimos por el camino de la derecha. Caminamos, al principio,
sobre llano, con un marge a la derecha. A unos cuatro minutos de la
anterior bifurcación, dejamos a la derecha un camino que desciende.
Iniciamos ahora una breve subida. Pasados dos minutos llegamos a una
encrucijada de caminos. Nosotros seguimos por el camino de la derecha,
hacia los Puntalls de Valldurgent. Avanzamos por el camino de carro, en
ligero ascenso, con una pared seca a nuestra izquierda, hasta que en el
lado izquierdo, cerca de la pared, encontremos un mojón. Cruzamos la
pared medianera por un hueco. En el lado opuesto, torcemos a la derecha,
pasamos por al lado de una barrera metálica e iniciamos una subida. A
nuestra derecha, a lo lejos, podremos observar una torre de vigilancia
contra incendios. Cuando el camino empieza a girar hacia la torre, sale,
a nuestra izquierda, un sendero que debemos tomar. Dicho camino baja
hasta el coll del Vent y ofrece bonitas panorámicas.
EL COLL DEL VENT
El coll del Vent está atravesado por la carretera que va de Palma a
Calvià por el coll de la Creu (Ma - 1043). Al pisar el asfalto giramos
hacia la izquierda y vamos a la búsqueda del mojón que marca el
kilómetro seis. Después del mojón torcemos a la derecha, dejando la
carretera, y nos dirigimos al mirador de n’Alzamora. Debemos estar
atentos, porque de inmediato, a unos quince metros de la carretera,
giramos por el primer camino que sale a la derecha. Pocos minutos
después de esta bifurcación de caminos, tras un breve descenso, llegamos
a otro cruce y tomamos ahora el camino de la izquierda (el de la
derecha nos llevaría a la carretera). Poco después del cruce de caminos,
a la izquierda observamos una cavidad que debió ser utilizada como
cantera. Más adelante salvamos un cable de alambre colocado para que no
accedan los vehículos, y, seguidamente, dejamos a la izquierda un camino
de carro que conduce al coll de la Creu. En dos minutos arribamos a una
nueva encrucijada de caminos importante, ya que hacia la izquierda
sigue el camino que va al coll dels Pastors y a Gènova (en un duro
aunque breve ascenso, al principio), con el que luego enlazaremos en el
coll dels Pastors, mientras que hacia la derecha discurre el camino del
mirador de n’Alzamora, nuestro próximo objetivo. Seguimos, pues, hacia
la derecha. Vamos dejando vías que nos salen a derecha e izquierda. El
camino diseña una acentuada curva a la derecha y supera una torrentera,
con un horno de cal junto a ella.
EL MIRADOR DE N’ALZAMORA
Andamos ahora en ascenso, y en unos diez minutos nos encontramos con un
cruce, con un sendero a la izquierda que enlaza con el coll del
Pastors, por donde regresaremos tras visitar el mirador. Así,
continuamos hacia la derecha y en cinco minutos llegamos al mirador de
n’Alzamora, que cuenta con un refugio hoy en ruinas que fue edificado
por el Grup Excursionista del Foment del Turisme de Mallorca en memoria
del empresario Ferran Alzamora i Gomà, presidente de la entidad entre
1919 y 1925. Desde este mirador podremos observar una buena vista sobre
los valles de Benàtiga y de Valldurgent, la sierra de Burotell, el puig
de Galatzó y la mola de l’Esclop. También contemplamos Santa Ponça,
Calvià y la zona de Capdellà. Desde el mirador volvemos al cruce de
caminos anteriormente citado y al llegar a él torcemos a la derecha, por
el estrecho sendero del coll dels Pastors. A unos cinco minutos de la
bifurcación de caminos dejamos un ramal a la derecha que nos llevaría
hasta la cueva del Marbre. El sendero se confunde con las rocas, y
empieza a bajar hacia una torrentera que ocupa el fondo de la coma.
Después de atravesar la torrentera recuperamos el camino. Andados cinco
minutos llegamos a una explanada y giramos por el camino de la
izquierda. A poco más de cinco minutos de la explanada entramos en la
pista que viene del coll dels Pastors. El coll queda muy cerca, girando a
la izquierda.
EL COLL DELS PASTORS
El coll dels Pastors es un pequeño llano identificado por dos grandes
pinos en el centro. Este lugar antiguamente era un centro de actividades
que utilizaban los pastores del lugar. Situados de espaldas a los
pinos, identificamos tres caminos: el de la derecha, por el que venimos
desde el mirador de n’Alzamora, es una ruta que se adentra en el término
de Calvià; frente a nosotros, el que seguiremos, que describe una
ligera subida; y el de más a la izquierda, el de la cueva de los
pastores. Caminamos pues por la pista del centro, que supera un corto
desnivel y que tiene a su izquierda una profunda vaguada, la coma del
Sec, ocupada por el torrente del Mal Pas. El camino hacia el monumento
de na Burguesa avanza con breves subidas y bajadas. Ofrece bellas vistas
sobre el castillo de Bellver, Palma y su bahía, Illetes y Palmanova y,
en los días más despejados, puede verse el archipiélago de Cabrera. Ya
cerca del monumento, después de pasar junto a unas grandes antenas de
telecomunicaciones y con el castillo de Bendinat frente a nosotros, en
la lejanía, llegamos a una bifurcación: hacia la derecha discurre un
camino hacia un chalé. Nuestra ruta prosigue por la izquierda y nos deja
en unos metros en las instalaciones de na Burguesa, antiguamente
conocido como el puig del Caragol de Beiana. Desde na Burguesa podríamos
bajar hasta Gènova, por la carretera asfaltada, en la que
encontraríamos un mirador del Fomento del Turismo de Mallorca que ofrece
vistas privilegiadas sobre el barrio de Gènova y el área del castillo
de Bellver.
info de: diariodemallorca.es
sábado, 2 de junio de 2012
La Vall d’Alcanella y el camí de ses Figueroles
Salimos del coll de la Batalla, en la carretera de Inca a Lluc. Situados
de cara a la gasolinera, nos dirigimos hacia el camino que se encuentra
a la derecha del restaurante. Se trata de un camino de carro con las
características de una pista forestal que avanza hacia levante. En este
primer tramo observamos encinas, pinos, matas y estepes llimonenques.
Retrospectivamente podremos contemplar la cima del puig de Massanella. A
la altura de un rotlle de sitja encontramos un cruce de caminos, a unos
siete minutos de iniciar la excursión. Tomamos el camino de la
izquierda, que ahora sube ligeramente. La pista forestal acaba pronto,
en un coll de tords (espacio estrecho entre dos árboles por donde suelen
pasar los tordos al alba o anochecer y donde los cazadores colocan sus
trampas para atraparlos). Nuestra ruta continúa recto, en sentido a
levante, por un sendero casi inexistente. Seguir el camino correcto no
es tarea fácil. En realidad avanzamos entre rocas, hacia un portillo
abierto en una pared seca, un lugar conocido como el pas d’en Bartomeu.
Una pequeña construcción nos ayudará a encontrar dicho paso. Desde este
punto se disfruta de una vista panorámica sobre el macizo del puig de
Massanella y el valle de Lluc. Desde el pas d’en Bartomeu seguimos
avanzando hacia la derecha, en dirección a la mola del puig del
Castellot (680 m), el cual reconoceremos por su cima llana. Avanzados
unos metros por la ladera de la montaña, sin ganar ni perder altura,
decidimos ir ladera abajo, en busca del camí de ses Figueroles, un
camino señalizado (con marcas verdes) que encontraremos en el coll de la
Rota. Es un descenso rápido, entre rocas desnudas y algún árbol caído
víctima de un rayo. El camino va consolidándose como un sendero de
montaña.
ElcolldelaRota
Entre acebuches, matas, carrizo y estepa joana, llegamos a la pared del coll de la Rota, muy derruida. Este coll separa el puig del Castellot, que nos queda a la derecha, del puig de les Covasses, a la izquierda. Desde el coll de la Rota se puede visitar la casa de neu de ses Figueroles. Para ello tenemos que desviarnos momentáneamente del camino y dirigirnos hacia la derecha si nos situamos de espaldas al puig de Massanella. Siguiendo una pared seca a la derecha, hallaremos el depósito de nieve a cuatro o cinco minutos del coll, en un lugar lleno de vegetación.
Desde el coll de la Rota seguimos caminando, en bajada, hacia las casas de ses Figueroles. El sendero está poco marcado e invadido por la vegetación. En algunos tramos presenta restos de empedrado. El camino se aplana al llegar a la casita de la Rota, que presenta un estado de ruina total. Desde la casita de la Rota seguimos descendiendo entre algunos marges desmoronados para llegar a la marjada de la fuente de la Rota, un terreno que antiguamente se dedicó al cultivo. En las marjades, tres en total, aún se levantan algunos árboles frutales. Desde la fuente de la Rota nos soltamos en bajada hacia las casas de ses Figueroles, con el valle al fondo, entre nuestra posición y la sierra del Pas d’en Bisquerra. El camino, un auténtico sendero de herradura, conserva algunos tramos de trazado de gran belleza y otros muy deteriorados, con vegetación que a menudo dificulta el paso. El camino está protegido por un marge de sostenimiento. Unas curvas más abajo el camino entra en una zona muy sombría y húmeda, en la que se encuentra la fuente de la Mata. Unos metros después accedemos a las casas de ses Figueroles. Para llegar a ellas hay que franquear el torrente.
Las Casas deses Figueroles
La possessió de ses Figueroles ya aparece documentada en el año 1370. Las casas presentan un aspecto rústico y en los últimos años su estado de conservación se ha deteriorado mucho. La parra que se levantaba sobre la explanada empedrada ha desaparecido y el interior de la construcción se ha convertido en un nido de infección. La casa tiene un alzado de dos plantas y a la izquierda hay algunas estancias dedicadas a establos. También dispone de un pozo, muy profundo, y restos de lo que fue la pileta de la colada.
Desde ses Figueroles tenemos que dirigirnos ahora hacia las tierras de Alcanella. Para ello debemos ir hacia levante, hacia la base de la Capella Blava, a la izquierda cuando salimos de las casas. Caminamos entre antiguos campos de cultivo, hacia las encinas. Atravesamos el lecho del torrente de Alcanella o dels Picarols y franqueamos un portillo. Avanzamos unos metros hacia el sur y enlazamos con el camino que va de Alcanella a Binibona y Caimari, con una pequeña subida hacia la izquierda. Una pintada en una roca nos indica que por este camino también podemos ir al puig Tomir. Para dirigirnos hacia Alcanella giramos pues a la izquierda, según la posición de llegada. Nuestro camino, de herradura, con algunos tramos empedrados y escalones, sube por la ladera de la Capella Blava. A la izquierda tenemos el torrente de Alcanella. A medida que avanzamos, las casas de ses Figueroles nos ofrecen perspectivas diferentes. El carrizo, las zarzaparrillas y el brezo nos dificultan la marcha. La ladera redondeada del puig Tomir la vemos cada vez más cerca. A la izquierda podemos observar grandes bloques de rocas, posiblemente desprendidas de los precipicios superiores; a la derecha, en la cresta de la Capella Blava, otras rocas amenazan con caer al vacío; y a nuestras espaldas, cada vez más lejos, el puig de Massanella. El camino de Alcanella nos muestra rincones de difícil acceso, como el torrente de la Moleta, que desagua en el dels Picarols. Más adelante, iremos separándonos de los acantilados de la Capella Blava y llegaremos al portillo del camino de Alcanella para entrar en sus campos de cultivo llamados precisamente el Camp.
ElvalledeAlcanella
El puig Tomir y el puig del Boix rodean el valle de Alcanella. Nuestro camino está invadido por la estepa llimonenca. A la derecha tenemos el torrente y a la izquierda una suave ladera con piedras sueltas. Unos diez minutos después de franquear el portillo, el camino gira a la izquierda para acercarse a las casas de Alcanella, entre algarrobos, olivos y alguna higuera. Llegados a una pista, se nos presenta una encrucijada de caminos. El de la izquierda conduce a Menut y el puig Tomir. Nosotros giramos a la derecha, para superar una barrera por un botador de madera instalado recientemente. Un poco más adelante encontramos la rampa que se dirige a las casas de Alcanella, cerradas para el senderista. Nuestra ruta prosigue por el camino de la izquierda y utiliza de nuevo otro botador. Superado el botador, giramos a la izquierda, ya que si fuéramos hacia la derecha daríamos con la verja que circunda la possessió de Alcanella. Caminamos por s’Enrocador des Bosc, con la cima del puig des Boix a nuestra derecha. La vegetación arbórea escasea y el camino no deja de subir, aunque de un modo ligero. En unos veinte minutos desde las casas de Alcanella, llegamos a otro botador y tras franquearlo continuamos caminando hacia la izquierda, hasta encontrar una pista forestal. Un cartel de la conselleria de Medi Ambient nos advierte que estamos en una zona de repoblación forestal. En este punto la pista se divide. Giramos hacia la derecha. A los pocos metros, nuestro camino inicia un fuerte descenso hasta llegar a otra bifurcación. Seguimos recto y un poco más adelante salvamos una pronunciada pendiente que nos ofrece vistas sobre Miner Gran. Pasados unos minutos encontramos otra encrucijada de caminos. El nuestro gira hacia la derecha, ignorando el de la izquierda. A partir de ahora el camino siempre irá en descenso, por asfalto, primero en un constante zigzagueo, sin la presencia de árboles, y más abajo, a través de un frondoso bosque de pinos y encinas. Al salir del bosque avanzamos entre huertos y campos de cultivo. Llegados a la calle General Franco, nuestra excursión toca a su fin. Dejamos a un lado el torrente de Sant Miquel y, tras girar a la izquierda, llegamos a la carretera que conduce a Campanet. Según nuestra posición de llegada, Campanet se encuentra hacia la derecha, a unos cuatro kilómetros de distancia.
Info de: diariodemallorca.es
ElcolldelaRota
Entre acebuches, matas, carrizo y estepa joana, llegamos a la pared del coll de la Rota, muy derruida. Este coll separa el puig del Castellot, que nos queda a la derecha, del puig de les Covasses, a la izquierda. Desde el coll de la Rota se puede visitar la casa de neu de ses Figueroles. Para ello tenemos que desviarnos momentáneamente del camino y dirigirnos hacia la derecha si nos situamos de espaldas al puig de Massanella. Siguiendo una pared seca a la derecha, hallaremos el depósito de nieve a cuatro o cinco minutos del coll, en un lugar lleno de vegetación.
Desde el coll de la Rota seguimos caminando, en bajada, hacia las casas de ses Figueroles. El sendero está poco marcado e invadido por la vegetación. En algunos tramos presenta restos de empedrado. El camino se aplana al llegar a la casita de la Rota, que presenta un estado de ruina total. Desde la casita de la Rota seguimos descendiendo entre algunos marges desmoronados para llegar a la marjada de la fuente de la Rota, un terreno que antiguamente se dedicó al cultivo. En las marjades, tres en total, aún se levantan algunos árboles frutales. Desde la fuente de la Rota nos soltamos en bajada hacia las casas de ses Figueroles, con el valle al fondo, entre nuestra posición y la sierra del Pas d’en Bisquerra. El camino, un auténtico sendero de herradura, conserva algunos tramos de trazado de gran belleza y otros muy deteriorados, con vegetación que a menudo dificulta el paso. El camino está protegido por un marge de sostenimiento. Unas curvas más abajo el camino entra en una zona muy sombría y húmeda, en la que se encuentra la fuente de la Mata. Unos metros después accedemos a las casas de ses Figueroles. Para llegar a ellas hay que franquear el torrente.
Las Casas deses Figueroles
La possessió de ses Figueroles ya aparece documentada en el año 1370. Las casas presentan un aspecto rústico y en los últimos años su estado de conservación se ha deteriorado mucho. La parra que se levantaba sobre la explanada empedrada ha desaparecido y el interior de la construcción se ha convertido en un nido de infección. La casa tiene un alzado de dos plantas y a la izquierda hay algunas estancias dedicadas a establos. También dispone de un pozo, muy profundo, y restos de lo que fue la pileta de la colada.
Desde ses Figueroles tenemos que dirigirnos ahora hacia las tierras de Alcanella. Para ello debemos ir hacia levante, hacia la base de la Capella Blava, a la izquierda cuando salimos de las casas. Caminamos entre antiguos campos de cultivo, hacia las encinas. Atravesamos el lecho del torrente de Alcanella o dels Picarols y franqueamos un portillo. Avanzamos unos metros hacia el sur y enlazamos con el camino que va de Alcanella a Binibona y Caimari, con una pequeña subida hacia la izquierda. Una pintada en una roca nos indica que por este camino también podemos ir al puig Tomir. Para dirigirnos hacia Alcanella giramos pues a la izquierda, según la posición de llegada. Nuestro camino, de herradura, con algunos tramos empedrados y escalones, sube por la ladera de la Capella Blava. A la izquierda tenemos el torrente de Alcanella. A medida que avanzamos, las casas de ses Figueroles nos ofrecen perspectivas diferentes. El carrizo, las zarzaparrillas y el brezo nos dificultan la marcha. La ladera redondeada del puig Tomir la vemos cada vez más cerca. A la izquierda podemos observar grandes bloques de rocas, posiblemente desprendidas de los precipicios superiores; a la derecha, en la cresta de la Capella Blava, otras rocas amenazan con caer al vacío; y a nuestras espaldas, cada vez más lejos, el puig de Massanella. El camino de Alcanella nos muestra rincones de difícil acceso, como el torrente de la Moleta, que desagua en el dels Picarols. Más adelante, iremos separándonos de los acantilados de la Capella Blava y llegaremos al portillo del camino de Alcanella para entrar en sus campos de cultivo llamados precisamente el Camp.
ElvalledeAlcanella
El puig Tomir y el puig del Boix rodean el valle de Alcanella. Nuestro camino está invadido por la estepa llimonenca. A la derecha tenemos el torrente y a la izquierda una suave ladera con piedras sueltas. Unos diez minutos después de franquear el portillo, el camino gira a la izquierda para acercarse a las casas de Alcanella, entre algarrobos, olivos y alguna higuera. Llegados a una pista, se nos presenta una encrucijada de caminos. El de la izquierda conduce a Menut y el puig Tomir. Nosotros giramos a la derecha, para superar una barrera por un botador de madera instalado recientemente. Un poco más adelante encontramos la rampa que se dirige a las casas de Alcanella, cerradas para el senderista. Nuestra ruta prosigue por el camino de la izquierda y utiliza de nuevo otro botador. Superado el botador, giramos a la izquierda, ya que si fuéramos hacia la derecha daríamos con la verja que circunda la possessió de Alcanella. Caminamos por s’Enrocador des Bosc, con la cima del puig des Boix a nuestra derecha. La vegetación arbórea escasea y el camino no deja de subir, aunque de un modo ligero. En unos veinte minutos desde las casas de Alcanella, llegamos a otro botador y tras franquearlo continuamos caminando hacia la izquierda, hasta encontrar una pista forestal. Un cartel de la conselleria de Medi Ambient nos advierte que estamos en una zona de repoblación forestal. En este punto la pista se divide. Giramos hacia la derecha. A los pocos metros, nuestro camino inicia un fuerte descenso hasta llegar a otra bifurcación. Seguimos recto y un poco más adelante salvamos una pronunciada pendiente que nos ofrece vistas sobre Miner Gran. Pasados unos minutos encontramos otra encrucijada de caminos. El nuestro gira hacia la derecha, ignorando el de la izquierda. A partir de ahora el camino siempre irá en descenso, por asfalto, primero en un constante zigzagueo, sin la presencia de árboles, y más abajo, a través de un frondoso bosque de pinos y encinas. Al salir del bosque avanzamos entre huertos y campos de cultivo. Llegados a la calle General Franco, nuestra excursión toca a su fin. Dejamos a un lado el torrente de Sant Miquel y, tras girar a la izquierda, llegamos a la carretera que conduce a Campanet. Según nuestra posición de llegada, Campanet se encuentra hacia la derecha, a unos cuatro kilómetros de distancia.
Info de: diariodemallorca.es
El Clot d’Almadrà
Ruta: Mancor de la Vall; Biniarroi; Camí de la Font des Garrover; Les Cases Noves; Clot d’Almadrà.
Nivel de dificultad: Fácil
Duración: 3 horas
Recomendaciones: El tramo de Les Cases Noves al Clot d’Almadrà transcurre por terrenos privados, por lo que puede haber problemas de paso si no se pide el permiso correspondiente. El camino, en este tramo citado, ha sufrido un grave deterioro y se adentra en un refugio de caza. En cualquier caso, si se desciende hasta el Clot d’Almadrà se tendrá que haber pensado en la combinación de vehículos, o volver sobre nuestros pasos hasta Mancor.
Nos damos cita en la plaza del ayuntamiento de Mancor de la Vall, la plaça de Dalt, donde también se encuentra la iglesia parroquial (39ºN 44.972 / 002ºE 52.226). Cogemos la calle Metge Josep Mateu, con la iglesia a nuestra derecha, y enlazamos con la calle de Biniarroi que nos dejará en las afueras del pueblo.
Antes, podremos contemplar, en el número 28 de esta calle, un escudo, de la familia Descatlar, señores de Massanella desde el siglo XV hasta 1893 y también, en su día, los mayores propietarios del actual término municipal de Mancor, segregado en 1925 del término de Selva. También observamos una placa dedicada al médico Josep Mateu i Martorell, en el número 8, “por el ejemplo de amor y humanidad que demostró en el ejercicio de su profesión”. La ruta pasa por al lado del cementerio, deja a la izquierda la casa de Can Amunt y un poco después llega a una importante bifurcación.
El camino de la izquierda es el de la Font des Garrover, que continúa hacia Lloseta por el Clot d’Almadrà. Más adelante volveremos a encontrar este camino, tras visitar Biniarroi. Nuestro itinerario, en esta bifurcación, escoge ahora el camino de la derecha. En este cruce encontramos la cochera de la Font des Garrover, una sencilla construcción en la que antiguamente paraban los carros de esta possessió. Detrás de la cochera, en lo alto de la montaña, vemos el núcleo de Biniarroi, en la estribación sur del Puig de Suro.
Después del cruce pasamos de nuevo sobre el torrente y un poco más adelante nos situamos en otra importante bifurcación de caminos. En este caso optamos por el de la izquierda, dejando a la derecha el que conduce al oratorio de Santa Llucia, cuyo origen se remonta al siglo XIII. Vamos ganando altura, entre limoneros, naranjos y algarrobos, y no dejamos el asfalto ni nos desviamos hasta llegar a la barrera de Can Pau Carro. Unos metros antes de esta barrera, encontramos a la izquierda el camino viejo de Biniarroi, señalizado. Lo cogemos. Por el empinado camino viejo de Biniarroi llegamos rápidamente a una pequeña escalera de cemento que enlaza con un camino transversal que conduce a una casa situada a nuestra izquierda.
Seguimos por este camino transversal pero enseguida giramos a la izquierda –poco antes de una barrera de metal que vuelve al camino principal de Biniarroi–, y recuperamos el camino viejo. El camino asciende trazando diversas curvas y más arriba enlaza con un camino de carro transversal.
Atravesamos este camino y continuamos por el camino viejo, que presenta restos de empedrado en algunos segmentos. Continuamos subiendo, no sin dificultad, por la pendiente y por la vegetación que cubre el sendero, muy dado a que se embarre en caso de lluvia. Después de algunas curvas y salvar unos metros con muchas piedras sueltas entramos en el pequeño pueblo de Biniarroi, concretamente con Son Nadal a la derecha y Can Ros a la izquierda, ambas casas abandonadas.
Biniarroi fue una antigua alquería musulmana, una de las cuatro que forman parte del actual término de Mancor (Massanella, Mancor, Biniatzent y Biniarroi). En la repartición, Jaume I la cedió al preboste de Tarragona, Ferrer de Pallarès. En 1249 aparece documentada con el nombre de Benorioy. Históricamente, la alquería, que con el tiempo se convirtió en aldea, ha sufrido importantes movimientos de tierra.
Muchos de sus habitantes abandonaron sus casas por este motivo, pero también por el aislamiento y las dificultades de comunicación de la zona, y por el abandono de las tareas agrícolas. Sin embargo, en la última década algunos de sus edificios han sido restaurados y puede decirse que la vida ha vuelto a Biniarroi, aunque aún queden muchas ruinas.
A Biniarroi, lloc mal, jo no m’hi establiria, perquè han de mester mig dia per un dobler de sal. (Cançoner popular de Mallorca) Dejamos Biniarroi para dirigirnos al Camí de la Font des Garrover. Para ello tenemos que salir del llogaret no por el camino nuevo, sino por un sendero que sale un poco más arriba del camino viejo de Mancor, por el que hemos subido.
Entramos en el sendero por la parte posterior de Can Ros, casa que nos queda a la izquierda y cuyas ruinas ya observamos cuando entramos en la aldea. La vereda por la que continuamos nuestra ruta es estrecha y muy pronto llega a una bifurcación de senderos (39ºN 45.089 / 002ºE 51.377).
El de la derecha, muy inseguro, avanza por una ladera con desprendimientos y llega a la Font de Biniarroi, con un bloque de ladrillos muy deteriorado. Por el sendero que baja, el de la izquierda, llegamos a una pequeña explanada rodeada de espesa vegetación.
Un minuto después, nuestro camino deja a la derecha un sendero que pasa por un portillo. Seguimos hacia la izquierda y unos minutos más adelante el camino va consolidándose, con el llogaret de Biniarroi a nuestra izquierda. Tras franquear una barrera, enlazamos con el camino de la Font des Garrover, el que comunica Mancor de la Vall con el Clot d’Almadrà, el mismo que habíamos dejado antes del cruce de Santa Llucia, a la altura de la cochera. En la confluencia del camino que nos ha traído desde Biniarroi y el del Clot d’Almadrà, giramos hacia la derecha en subida.
Franqueamos la barrera por una barrera más pequeña que existe a la derecha. A los pocos metros de empezar a andar por esta pista ancha nos sale por la izquierda el camino de tierra que lleva a las casas de la Font des Garrover. Ascendemos entre campos de olivo y un poco más adelante cruzamos una nueva barrera, con portillo. Enseguida recorremos un tramo que evidencia el trabajo de una excavadora y nos situamos en el coll Paredat.
En la otra vertiente del coll Paredat se nos aparecen las casas de la Font des Garrover, rodeadas de altos árboles, protegidas por las peñas del puig de la Creu (640 m.) y en el lugar conocido como comellar de l’Infern. Unos minutos después atravesamos el torrente y dejamos otro camino, a la izquierda, que también conduce a las casas de la Font des Garrover.
Llegamos así a una barrera metálica tras la cual se levanta un cartel de la Conselleria d’Agricultura i Pesca. Después de un último tramo encementado terminamos la subida en el coll de la Barrera de las Cases Noves.
El coll está dividido por un portillo con barrera, con otra, de madera, a la izquierda. Un cartel nos recuerda que entramos en un refugio de caza. Pronto se nos aparecen a la derecha, arriba, las casas de Can Macip. Continuamos por el camino ancho en dirección a las Cases Noves. Antes de llegar a su altura, el camino pasa junto a la fuente de las Cases Noves, también conocida como font de na Bàrbara.
Está a la izquierda, frente a una casita. Al fondo, a unos cinco metros de la boca de la mina, está la salida del agua. Dejamos la font de las Cases Noves y de inmediato llegamos a una bifurcación. El camino de la derecha sigue hacia las Cases Noves, pero nosotros seguimos por el de la izquierda.
Después de una barrera de metal, dejamos el camino ancho y nos desviamos por un senderito, ligeramente a la derecha, con un cartel que indica Lloseta. La Serra de la Rateta, imponente, se levanta frente a nosotros. Nuestro sendero tiene a su derecha una rejilla, deja también a la derecha otra barrera que comunica con las Cases Noves y unos minutos después llega a otro portillo con una rústica barrera de madera en una pared que separa las Cases Noves de Can Xalet y ejerce de frontera entre los términos municipales de Mancor de la Vall y Alaró (39ºN 44.982 / 002ºE 50.238).
Pasado el portillo ya podemos contemplar el Clot d’Almadrà, rodeado de montañas y bañado por el torrente de Almadrà. Bajamos con cierta tendencia hacia la izquierda, primero entre pinos, y luego también con olivos y algarrobos, pero siempre por un sendero muy perdido.
Los portillos abiertos en los marges y los puntos y flechas de color verde nos ayudan a dar con la dirección adecuada, con el Puig de l’Alcadena, víctima de un desprendimiento reciente, y el puig de Sant Miquel delante. A medida que vamos perdiendo altura el camino va consolidándose, aunque no del todo. Ya vemos la carretera de Lloseta a Almadrà.
También el núcleo de casas de Almadrà. A la izquierda, se levantan las cases de Cas Senyor, hacia las cuales no nos dirigimos, porque iremos con tendencia a la derecha. Al final del descenso, el camino, convertido ahora en tenue vereda, gira a la a izquierda y nos lleva hasta el torrente de Almadrà, que no cruzamos, porque de repente encontramos un tramo bien empedrado.
Lo intentamos seguir, entre juncos, zarzas y cardos, hasta llegar a un puente (39ºN 45.208 / 002ºE 49.635), muy cerca del llogaret de Almadrà, que queda muy cerca, a la derecha. Por la izquierda, la carretera que pasa sobre el puente conduce a Lloseta, a unos siete kilómetros. Almadrà, cuyo nombre proviene de una antigua alquería musulmana, pone punto y final a esta excursión. Este llogaret está formado por tres heredades: Son Ordines, Can Xalet y la Casa d’Amunt, la situada más al norte.
Info de: diariodemallorca.es
Nivel de dificultad: Fácil
Duración: 3 horas
Recomendaciones: El tramo de Les Cases Noves al Clot d’Almadrà transcurre por terrenos privados, por lo que puede haber problemas de paso si no se pide el permiso correspondiente. El camino, en este tramo citado, ha sufrido un grave deterioro y se adentra en un refugio de caza. En cualquier caso, si se desciende hasta el Clot d’Almadrà se tendrá que haber pensado en la combinación de vehículos, o volver sobre nuestros pasos hasta Mancor.
Nos damos cita en la plaza del ayuntamiento de Mancor de la Vall, la plaça de Dalt, donde también se encuentra la iglesia parroquial (39ºN 44.972 / 002ºE 52.226). Cogemos la calle Metge Josep Mateu, con la iglesia a nuestra derecha, y enlazamos con la calle de Biniarroi que nos dejará en las afueras del pueblo.
Antes, podremos contemplar, en el número 28 de esta calle, un escudo, de la familia Descatlar, señores de Massanella desde el siglo XV hasta 1893 y también, en su día, los mayores propietarios del actual término municipal de Mancor, segregado en 1925 del término de Selva. También observamos una placa dedicada al médico Josep Mateu i Martorell, en el número 8, “por el ejemplo de amor y humanidad que demostró en el ejercicio de su profesión”. La ruta pasa por al lado del cementerio, deja a la izquierda la casa de Can Amunt y un poco después llega a una importante bifurcación.
El camino de la izquierda es el de la Font des Garrover, que continúa hacia Lloseta por el Clot d’Almadrà. Más adelante volveremos a encontrar este camino, tras visitar Biniarroi. Nuestro itinerario, en esta bifurcación, escoge ahora el camino de la derecha. En este cruce encontramos la cochera de la Font des Garrover, una sencilla construcción en la que antiguamente paraban los carros de esta possessió. Detrás de la cochera, en lo alto de la montaña, vemos el núcleo de Biniarroi, en la estribación sur del Puig de Suro.
Después del cruce pasamos de nuevo sobre el torrente y un poco más adelante nos situamos en otra importante bifurcación de caminos. En este caso optamos por el de la izquierda, dejando a la derecha el que conduce al oratorio de Santa Llucia, cuyo origen se remonta al siglo XIII. Vamos ganando altura, entre limoneros, naranjos y algarrobos, y no dejamos el asfalto ni nos desviamos hasta llegar a la barrera de Can Pau Carro. Unos metros antes de esta barrera, encontramos a la izquierda el camino viejo de Biniarroi, señalizado. Lo cogemos. Por el empinado camino viejo de Biniarroi llegamos rápidamente a una pequeña escalera de cemento que enlaza con un camino transversal que conduce a una casa situada a nuestra izquierda.
Seguimos por este camino transversal pero enseguida giramos a la izquierda –poco antes de una barrera de metal que vuelve al camino principal de Biniarroi–, y recuperamos el camino viejo. El camino asciende trazando diversas curvas y más arriba enlaza con un camino de carro transversal.
Atravesamos este camino y continuamos por el camino viejo, que presenta restos de empedrado en algunos segmentos. Continuamos subiendo, no sin dificultad, por la pendiente y por la vegetación que cubre el sendero, muy dado a que se embarre en caso de lluvia. Después de algunas curvas y salvar unos metros con muchas piedras sueltas entramos en el pequeño pueblo de Biniarroi, concretamente con Son Nadal a la derecha y Can Ros a la izquierda, ambas casas abandonadas.
Biniarroi fue una antigua alquería musulmana, una de las cuatro que forman parte del actual término de Mancor (Massanella, Mancor, Biniatzent y Biniarroi). En la repartición, Jaume I la cedió al preboste de Tarragona, Ferrer de Pallarès. En 1249 aparece documentada con el nombre de Benorioy. Históricamente, la alquería, que con el tiempo se convirtió en aldea, ha sufrido importantes movimientos de tierra.
Muchos de sus habitantes abandonaron sus casas por este motivo, pero también por el aislamiento y las dificultades de comunicación de la zona, y por el abandono de las tareas agrícolas. Sin embargo, en la última década algunos de sus edificios han sido restaurados y puede decirse que la vida ha vuelto a Biniarroi, aunque aún queden muchas ruinas.
A Biniarroi, lloc mal, jo no m’hi establiria, perquè han de mester mig dia per un dobler de sal. (Cançoner popular de Mallorca) Dejamos Biniarroi para dirigirnos al Camí de la Font des Garrover. Para ello tenemos que salir del llogaret no por el camino nuevo, sino por un sendero que sale un poco más arriba del camino viejo de Mancor, por el que hemos subido.
Entramos en el sendero por la parte posterior de Can Ros, casa que nos queda a la izquierda y cuyas ruinas ya observamos cuando entramos en la aldea. La vereda por la que continuamos nuestra ruta es estrecha y muy pronto llega a una bifurcación de senderos (39ºN 45.089 / 002ºE 51.377).
El de la derecha, muy inseguro, avanza por una ladera con desprendimientos y llega a la Font de Biniarroi, con un bloque de ladrillos muy deteriorado. Por el sendero que baja, el de la izquierda, llegamos a una pequeña explanada rodeada de espesa vegetación.
Un minuto después, nuestro camino deja a la derecha un sendero que pasa por un portillo. Seguimos hacia la izquierda y unos minutos más adelante el camino va consolidándose, con el llogaret de Biniarroi a nuestra izquierda. Tras franquear una barrera, enlazamos con el camino de la Font des Garrover, el que comunica Mancor de la Vall con el Clot d’Almadrà, el mismo que habíamos dejado antes del cruce de Santa Llucia, a la altura de la cochera. En la confluencia del camino que nos ha traído desde Biniarroi y el del Clot d’Almadrà, giramos hacia la derecha en subida.
Franqueamos la barrera por una barrera más pequeña que existe a la derecha. A los pocos metros de empezar a andar por esta pista ancha nos sale por la izquierda el camino de tierra que lleva a las casas de la Font des Garrover. Ascendemos entre campos de olivo y un poco más adelante cruzamos una nueva barrera, con portillo. Enseguida recorremos un tramo que evidencia el trabajo de una excavadora y nos situamos en el coll Paredat.
En la otra vertiente del coll Paredat se nos aparecen las casas de la Font des Garrover, rodeadas de altos árboles, protegidas por las peñas del puig de la Creu (640 m.) y en el lugar conocido como comellar de l’Infern. Unos minutos después atravesamos el torrente y dejamos otro camino, a la izquierda, que también conduce a las casas de la Font des Garrover.
Llegamos así a una barrera metálica tras la cual se levanta un cartel de la Conselleria d’Agricultura i Pesca. Después de un último tramo encementado terminamos la subida en el coll de la Barrera de las Cases Noves.
El coll está dividido por un portillo con barrera, con otra, de madera, a la izquierda. Un cartel nos recuerda que entramos en un refugio de caza. Pronto se nos aparecen a la derecha, arriba, las casas de Can Macip. Continuamos por el camino ancho en dirección a las Cases Noves. Antes de llegar a su altura, el camino pasa junto a la fuente de las Cases Noves, también conocida como font de na Bàrbara.
Está a la izquierda, frente a una casita. Al fondo, a unos cinco metros de la boca de la mina, está la salida del agua. Dejamos la font de las Cases Noves y de inmediato llegamos a una bifurcación. El camino de la derecha sigue hacia las Cases Noves, pero nosotros seguimos por el de la izquierda.
Después de una barrera de metal, dejamos el camino ancho y nos desviamos por un senderito, ligeramente a la derecha, con un cartel que indica Lloseta. La Serra de la Rateta, imponente, se levanta frente a nosotros. Nuestro sendero tiene a su derecha una rejilla, deja también a la derecha otra barrera que comunica con las Cases Noves y unos minutos después llega a otro portillo con una rústica barrera de madera en una pared que separa las Cases Noves de Can Xalet y ejerce de frontera entre los términos municipales de Mancor de la Vall y Alaró (39ºN 44.982 / 002ºE 50.238).
Pasado el portillo ya podemos contemplar el Clot d’Almadrà, rodeado de montañas y bañado por el torrente de Almadrà. Bajamos con cierta tendencia hacia la izquierda, primero entre pinos, y luego también con olivos y algarrobos, pero siempre por un sendero muy perdido.
Los portillos abiertos en los marges y los puntos y flechas de color verde nos ayudan a dar con la dirección adecuada, con el Puig de l’Alcadena, víctima de un desprendimiento reciente, y el puig de Sant Miquel delante. A medida que vamos perdiendo altura el camino va consolidándose, aunque no del todo. Ya vemos la carretera de Lloseta a Almadrà.
También el núcleo de casas de Almadrà. A la izquierda, se levantan las cases de Cas Senyor, hacia las cuales no nos dirigimos, porque iremos con tendencia a la derecha. Al final del descenso, el camino, convertido ahora en tenue vereda, gira a la a izquierda y nos lleva hasta el torrente de Almadrà, que no cruzamos, porque de repente encontramos un tramo bien empedrado.
Lo intentamos seguir, entre juncos, zarzas y cardos, hasta llegar a un puente (39ºN 45.208 / 002ºE 49.635), muy cerca del llogaret de Almadrà, que queda muy cerca, a la derecha. Por la izquierda, la carretera que pasa sobre el puente conduce a Lloseta, a unos siete kilómetros. Almadrà, cuyo nombre proviene de una antigua alquería musulmana, pone punto y final a esta excursión. Este llogaret está formado por tres heredades: Son Ordines, Can Xalet y la Casa d’Amunt, la situada más al norte.
Info de: diariodemallorca.es
De la ermita de la Trinitat al mirador de ses Puntes
Ruta: Carretera Valldemossa-Deià km. 69,9; Ermita de la Trinitat; Ermites
Velles; Coll de Son Gallard; sa Talaia Vella; mirador de ses Puntes; pla
des Pouet; Valldemossa.
Nivel de dificultad: Media
Duración: 3 horas y media
Recomendaciones: Evitar días de niebla. Portar unos prismáticos para contemplar las vistas que ofrecen los diversos miradores y la cumbre de sa Talaia Vella.
Empezamos a caminar en el punto kilométrico 69,9 de la carretera que va de Valldemossa a Deià, a la altura de Can Costa, antiguas casas de possessió hoy convertidas en restaurante. En este punto, a la derecha si venimos de Valldemossa, arranca una carretera asfaltada que en pronunciada subida nos llevará hasta la ermita de la Santíssima Trinitat, también conocida como ermita de Valldemossa. La carretera gana altura enseguida y deja a la izquierda la calle Ruiseñor. Avanzamos con una alta pared de piedra a la derecha y en unos quince minutos llegamos a la citada ermita (39ºN 43.796 / 002ºE 36.582).
Desde los tiempos del beato Ramon Llull, cuando en el siglo XIII fundó la escuela misionera y de lenguas orientales, la vida eremítica se ha mantenido en la costa de Miramar. Como testimonio quedan restos de templos en ruinas que luego visitaremos y la ermita de la Trinitat, aún habitada. Este edificio religioso se levantó en 1648, al parecer aprovechando algunas construcciones preexistentes, y se dedicó a la Puríssima Concepció. Fue fundada por el venerable Joan Mir de la Concepció (1624-1688) y llegó a ser la más importante de la comarca. Según entramos en la ermita, a la izquierda está la portería con las dependencias privadas de los ermitaños. Enfrente se sitúa el actual oratorio, que data de 1703.
El Arxiduc Lluís Salvador escribía en 1905, refiriéndose a la vida de los ermitaños: “No prueban la carne y durante sus comidas un ermitaño lee las vidas de los santos mientras todos los demás guardan silencio; no les está permitido hablar y, si necesitan agua o pan durante la comida, se limitan a dar uno o dos golpes con el cuchillo”. Durante años, los ermitaños facilitaron a los excursionistas, por la limosna que se les quería dar, aceitunas, alcaparras y miel. Desde la explanada exterior podemos contemplar al otro lado del muro de qué se alimentan actualmente: básicamente verduras y legumbres. El recinto también alberga un pequeño cementerio. Cabe recordar que la visita a la ermita está restringida a los espacios abiertos y al oratorio.
Reanudamos la marcha por la ladera opuesta a la que hemos llegado a la ermita, en dirección noreste. De espaldas a la ermita, andamos en dirección a una puerta metálica cerrada con candado. En este punto encontramos un hueco en una reja y un poco más adelante, hallamos una bifurcación. El sendero que baja conduce hasta Ca Madó Pilla (hotel El Encinar). Nuestra ruta elige el camino de la derecha, que se dirige a una mesa de piedra que hace las funciones de merendero y a la que se accede por unas escaleras de piedra. En este lugar existe el llamado Bufador, una cavidad por donde sale una corriente de aire.
Unos metros antes del merendero sale un senderito de montaña que en pronunciada subida se adentra en un bosque dominado por las encinas. El camino irá consolidándose y nos brinda bellas panorámicas sobre el mar, la torre de Son Galcerán y Ca Madó Pilla, con la Foradada detrás. También descubriremos muchos rotlles de sitja y hornos de cal. Antes de llegar a las Ermites Velles conoceremos la bassa dels Porcs, que queda a nuestra izquierda y que se aprovechaba para recoger el agua de la lluvia. A pocos metros se halla el recinto de las denominadas Ermites Velles (39ºN 43.979/ 002ºE 36.940).
Realmente consta de dos recintos bien diferenciados, tanto tipológica como cronológicamente, pero ambos se encuentran en ruinas. En ellos se encuentran restos de capillas, celdas y paredes de huertos. La Ermita de Sant Pau y Sant Antoni, núcleo principal de las Ermites Velles, fue fundada durante el siglo XVI. El bosque, muy espeso, es hoy el único habitante en este lugar. Dejamos las Ermites Velles y seguimos avanzando.
El camino adopta forma de camí de carro y desciende en zig zag. Pasados diez minutos desde las ermites encontramos, a la izquierda, el llamado mirador de los Ermitaños que, según la tradición, éstos lo utilizaban como lugar de contemplación y descanso. Difícil dar hoy con el mirador, cubierto con la vegetación. Sí se pueden encontrar los pedrissos, que forman un perímetro ovalado. Unos metros más adelante aparece a la derecha del camino un buen número de elementos propios del mundo de los carboneros: hornos, barracas, rotlles...
Visitado el lugar, que vale la pena conocerlo, retomamos el camino y proseguimos hasta llegar a una importante bifurcación (39ºN 44.148 / 002ºE 37.102). Hacia la izquierda llegaríamos al mirador dels Tudons, al que recomendamos ir (si continuáramos bajando acabaríamos en la carretera Valldemossa-Deià, frente a Ca Madò Pilla). Está sólo a unos minutos del cruce, en el Camí de sa Muntanya que mandó construir el Arxiduc.
Desde el mirador, uno de los más elegantes de los que ordenó levantar el aristócrata y humanista, se contempla, en primer término, las casas de Miramar, justo detrás, sa Foradada, y al fondo, Son Marroig.
Visitado el mirador, volvemos sobre nuestros pasos hasta la bifurcación. Nuestra ruta gira a la derecha (según bajamos de las Ermites Velles). A unos tres minutos del cruce topamos con la pared de Son Gallard. Poco antes de la pared, a la derecha, podemos ver la base de una antigua cruz hoy convertida en coll de tords. Del coll sale una nueva desviación, a la izquierda, opcional, que en pocos minutos conduce a la cova del beat Ramon Llull, donde, según la tradición, vivió. La cueva es de reducidas dimensiones y de su interior destaca un relieve que representa a Ramon Llull ofreciendo su obra a la Mare de Déu. Data del año 1627.
Nuestro camino sigue recto, en subida, en un peñascal describe un giro a la derecha para continuar en línea recta y, posteriormente, trazar cuatro curvas a derecha e izquierda que nos dejan en el mirador de Son Gallard (39ºN 44.040 / 002ºE 37.443). Desde él se dominan las casas homónimas y justo detrás de éstas se ve sa Foradada. Dejamos atrás el mirador y renunciamos al sendero que encontramos un poco más adelante, a la izquierda y en bajada, que llega hasta Son Gallard. Nuestro camino se pega a las rocas y a una verja metálica. Cruzamos una torrentera y una barrera metálica y empezamos una dura subida que en unos treinta minutos nos dejará en el coll de s’Estret de Son Gallard. Avanzamos por un frondoso bosque, por un camino ancho, pedregoso en su primer tramo. Esta zona está poblada de rotlles de sitja y antiguas barracas. En una curva a la izquierda (39ºN 43.877 / 002ºE 37.554) pueden asaltarnos las dudas; seguiremos nuestro camino, girando a la izquierda, evitando seguir por la derecha.
Cerca del coll, en una especie de balcón natural de roca que queda a la derecha del camino, convertido ahora en sendero, podemos contemplar unas bonitas vistas del bosque, protegido por los Cingles de Son Rul·lan. Salvada una pared, nos situamos en el coll de s’Estret de Son Gallard, que reconoceremos por sus grandes bancos de piedra con respaldo. Aquí se cruzan el camí de sa Muntanya, por el que hemos subido; el de sa Talaia Vella, por el que continuaremos la excursión; y el que viene des pla des Pouet.
Giramos pues a la derecha, según hemos llegado al coll, para dirigirnos por un cómodo camino a la cima de sa Talaia Vella (866 m). En unos diez minutos la coronamos (39ºN 43.742 / 002ºE 37.132). Para que el viajero pudiera “descansar y reponer sus fuerzas, hallando agua, carbón y techo”, el Arxiduc mandó construir la Caseta des Refugi. Su estado actual es ruinoso. El techo ha desaparecido y la cisterna está llena de escombros.
Desde la caseta volvemos al camino y ponemos rumbo al extremo occidental de sa Talaia Vella. Pasamos junto a un vértice geodésico y poco después empezamos a perder altura para llegar, en unos quince minutos, al mirador de ses Puntes o de Can Costa. Desde el mirador, también en ruinas, se domina todo el pla del Rei y la ermita de Valldemossa. Para su construcción, los picapedrers se colgaban con cuerdas, desafiando al abismo.
Iniciamos el descenso final. Para ello volvemos al camí de sa Talaia Vella, construido por el Arxiduc entre 1895 y 1909. Trazando suaves curvas bajamos por el encinar y llegamos en pocos minutos al pla des Pouet, que en su tiempo fue uno de los centros de explotación forestal más importante de Mallorca. Pasamos por al lado del famoso pozo y continuamos recto, hasta encontrar, al otro extremo, el camino de carro que baja sin ninguna dificultad hasta Valldemossa pasando por la font de s’Abeurada.
Extraido de: diariodemallorca.es
Nivel de dificultad: Media
Duración: 3 horas y media
Recomendaciones: Evitar días de niebla. Portar unos prismáticos para contemplar las vistas que ofrecen los diversos miradores y la cumbre de sa Talaia Vella.
Empezamos a caminar en el punto kilométrico 69,9 de la carretera que va de Valldemossa a Deià, a la altura de Can Costa, antiguas casas de possessió hoy convertidas en restaurante. En este punto, a la derecha si venimos de Valldemossa, arranca una carretera asfaltada que en pronunciada subida nos llevará hasta la ermita de la Santíssima Trinitat, también conocida como ermita de Valldemossa. La carretera gana altura enseguida y deja a la izquierda la calle Ruiseñor. Avanzamos con una alta pared de piedra a la derecha y en unos quince minutos llegamos a la citada ermita (39ºN 43.796 / 002ºE 36.582).
Desde los tiempos del beato Ramon Llull, cuando en el siglo XIII fundó la escuela misionera y de lenguas orientales, la vida eremítica se ha mantenido en la costa de Miramar. Como testimonio quedan restos de templos en ruinas que luego visitaremos y la ermita de la Trinitat, aún habitada. Este edificio religioso se levantó en 1648, al parecer aprovechando algunas construcciones preexistentes, y se dedicó a la Puríssima Concepció. Fue fundada por el venerable Joan Mir de la Concepció (1624-1688) y llegó a ser la más importante de la comarca. Según entramos en la ermita, a la izquierda está la portería con las dependencias privadas de los ermitaños. Enfrente se sitúa el actual oratorio, que data de 1703.
El Arxiduc Lluís Salvador escribía en 1905, refiriéndose a la vida de los ermitaños: “No prueban la carne y durante sus comidas un ermitaño lee las vidas de los santos mientras todos los demás guardan silencio; no les está permitido hablar y, si necesitan agua o pan durante la comida, se limitan a dar uno o dos golpes con el cuchillo”. Durante años, los ermitaños facilitaron a los excursionistas, por la limosna que se les quería dar, aceitunas, alcaparras y miel. Desde la explanada exterior podemos contemplar al otro lado del muro de qué se alimentan actualmente: básicamente verduras y legumbres. El recinto también alberga un pequeño cementerio. Cabe recordar que la visita a la ermita está restringida a los espacios abiertos y al oratorio.
Reanudamos la marcha por la ladera opuesta a la que hemos llegado a la ermita, en dirección noreste. De espaldas a la ermita, andamos en dirección a una puerta metálica cerrada con candado. En este punto encontramos un hueco en una reja y un poco más adelante, hallamos una bifurcación. El sendero que baja conduce hasta Ca Madó Pilla (hotel El Encinar). Nuestra ruta elige el camino de la derecha, que se dirige a una mesa de piedra que hace las funciones de merendero y a la que se accede por unas escaleras de piedra. En este lugar existe el llamado Bufador, una cavidad por donde sale una corriente de aire.
Unos metros antes del merendero sale un senderito de montaña que en pronunciada subida se adentra en un bosque dominado por las encinas. El camino irá consolidándose y nos brinda bellas panorámicas sobre el mar, la torre de Son Galcerán y Ca Madó Pilla, con la Foradada detrás. También descubriremos muchos rotlles de sitja y hornos de cal. Antes de llegar a las Ermites Velles conoceremos la bassa dels Porcs, que queda a nuestra izquierda y que se aprovechaba para recoger el agua de la lluvia. A pocos metros se halla el recinto de las denominadas Ermites Velles (39ºN 43.979/ 002ºE 36.940).
Realmente consta de dos recintos bien diferenciados, tanto tipológica como cronológicamente, pero ambos se encuentran en ruinas. En ellos se encuentran restos de capillas, celdas y paredes de huertos. La Ermita de Sant Pau y Sant Antoni, núcleo principal de las Ermites Velles, fue fundada durante el siglo XVI. El bosque, muy espeso, es hoy el único habitante en este lugar. Dejamos las Ermites Velles y seguimos avanzando.
El camino adopta forma de camí de carro y desciende en zig zag. Pasados diez minutos desde las ermites encontramos, a la izquierda, el llamado mirador de los Ermitaños que, según la tradición, éstos lo utilizaban como lugar de contemplación y descanso. Difícil dar hoy con el mirador, cubierto con la vegetación. Sí se pueden encontrar los pedrissos, que forman un perímetro ovalado. Unos metros más adelante aparece a la derecha del camino un buen número de elementos propios del mundo de los carboneros: hornos, barracas, rotlles...
Visitado el lugar, que vale la pena conocerlo, retomamos el camino y proseguimos hasta llegar a una importante bifurcación (39ºN 44.148 / 002ºE 37.102). Hacia la izquierda llegaríamos al mirador dels Tudons, al que recomendamos ir (si continuáramos bajando acabaríamos en la carretera Valldemossa-Deià, frente a Ca Madò Pilla). Está sólo a unos minutos del cruce, en el Camí de sa Muntanya que mandó construir el Arxiduc.
Desde el mirador, uno de los más elegantes de los que ordenó levantar el aristócrata y humanista, se contempla, en primer término, las casas de Miramar, justo detrás, sa Foradada, y al fondo, Son Marroig.
Visitado el mirador, volvemos sobre nuestros pasos hasta la bifurcación. Nuestra ruta gira a la derecha (según bajamos de las Ermites Velles). A unos tres minutos del cruce topamos con la pared de Son Gallard. Poco antes de la pared, a la derecha, podemos ver la base de una antigua cruz hoy convertida en coll de tords. Del coll sale una nueva desviación, a la izquierda, opcional, que en pocos minutos conduce a la cova del beat Ramon Llull, donde, según la tradición, vivió. La cueva es de reducidas dimensiones y de su interior destaca un relieve que representa a Ramon Llull ofreciendo su obra a la Mare de Déu. Data del año 1627.
Nuestro camino sigue recto, en subida, en un peñascal describe un giro a la derecha para continuar en línea recta y, posteriormente, trazar cuatro curvas a derecha e izquierda que nos dejan en el mirador de Son Gallard (39ºN 44.040 / 002ºE 37.443). Desde él se dominan las casas homónimas y justo detrás de éstas se ve sa Foradada. Dejamos atrás el mirador y renunciamos al sendero que encontramos un poco más adelante, a la izquierda y en bajada, que llega hasta Son Gallard. Nuestro camino se pega a las rocas y a una verja metálica. Cruzamos una torrentera y una barrera metálica y empezamos una dura subida que en unos treinta minutos nos dejará en el coll de s’Estret de Son Gallard. Avanzamos por un frondoso bosque, por un camino ancho, pedregoso en su primer tramo. Esta zona está poblada de rotlles de sitja y antiguas barracas. En una curva a la izquierda (39ºN 43.877 / 002ºE 37.554) pueden asaltarnos las dudas; seguiremos nuestro camino, girando a la izquierda, evitando seguir por la derecha.
Cerca del coll, en una especie de balcón natural de roca que queda a la derecha del camino, convertido ahora en sendero, podemos contemplar unas bonitas vistas del bosque, protegido por los Cingles de Son Rul·lan. Salvada una pared, nos situamos en el coll de s’Estret de Son Gallard, que reconoceremos por sus grandes bancos de piedra con respaldo. Aquí se cruzan el camí de sa Muntanya, por el que hemos subido; el de sa Talaia Vella, por el que continuaremos la excursión; y el que viene des pla des Pouet.
Giramos pues a la derecha, según hemos llegado al coll, para dirigirnos por un cómodo camino a la cima de sa Talaia Vella (866 m). En unos diez minutos la coronamos (39ºN 43.742 / 002ºE 37.132). Para que el viajero pudiera “descansar y reponer sus fuerzas, hallando agua, carbón y techo”, el Arxiduc mandó construir la Caseta des Refugi. Su estado actual es ruinoso. El techo ha desaparecido y la cisterna está llena de escombros.
Desde la caseta volvemos al camino y ponemos rumbo al extremo occidental de sa Talaia Vella. Pasamos junto a un vértice geodésico y poco después empezamos a perder altura para llegar, en unos quince minutos, al mirador de ses Puntes o de Can Costa. Desde el mirador, también en ruinas, se domina todo el pla del Rei y la ermita de Valldemossa. Para su construcción, los picapedrers se colgaban con cuerdas, desafiando al abismo.
Iniciamos el descenso final. Para ello volvemos al camí de sa Talaia Vella, construido por el Arxiduc entre 1895 y 1909. Trazando suaves curvas bajamos por el encinar y llegamos en pocos minutos al pla des Pouet, que en su tiempo fue uno de los centros de explotación forestal más importante de Mallorca. Pasamos por al lado del famoso pozo y continuamos recto, hasta encontrar, al otro extremo, el camino de carro que baja sin ninguna dificultad hasta Valldemossa pasando por la font de s’Abeurada.
Extraido de: diariodemallorca.es
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